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Entrevista con Victoria Wigodzky, oficial de programa en Open Society Foundations

Submitted by on December 21, 2010 – 11:28 pmNo Comment

Nota del Editor: Información Cívica es una iniciativa de consultoría de los programas de información y América Latina de Open Society Foundations que intenta comprender mejor el papel de la tecnología y los medios digitales en la sociedad civil de América Latina. Cada programa tiene tres directores de programa que administran un serie de áreas temáticas. Desde 2005 Victoria Wigodzky ha gestionado el trabajo del Programa de América Latina en seguridad ciudadana y derechos humanos. Oriunda de Buenos Aires, fue a las universidades de Duke y Princeton y trabajó con el Inter-American Dialogue antes de incorporarse a Open Society.

A principios del 2011 Victoria dejará la fundación para asumir un nuevo cargo en el Centro de Estudios legales y sociales en Argentina. Antes de su partida quise conocer mejor la visión y experiencia de Victoria en el papel de la filantropía en la promoción de la seguridad ciudadana y los derechos humanos en Latinoamérica.

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Victoria hablando en Santiago, Chile en un taller sobre medios digitales y sociedad civil. Foto de Luis Carlos Diaz.

¿Cómo imaginaba que sería su trabajo cuando empezó en el programa para América Latina de Open Society y cómo ha cambiado eso?

Cuando empecé en OSF en 2005, el programa era relativamente nuevo y estábamos empezando a encontrar socios con los cuáles implementar la estrategia del programa. Muchos de esos primeros fondos fueron un poco de “apuesta”, y algunos de ellos se convirtieron más tarde en relaciones a largo plazo con organizaciones e individuos que tienen una visión clara del cambio que se quiere lograr. Por ejemplo, con algunos socios clave hemos pasado de proporcionar apoyo de un año para proyectos, a compromisos plurianuales de financiación sin restricciones, para ayudarles a implementar sus estrategias de manera más eficaz y sostenible, y realmente convertirse en plataformas para el cambio.

Mientras esas asociaciones se desarrollaban, mi trabajo se centraba cada vez más en el intercambio de ideas, la comprensión de los contextos socio-políticos en los cuales los grupos funcionan, en proporcionar orientación y apoyo cuando era necesario, y en la generación de conexiones entre los proyectos y las personas para fomentar el intercambio de información y de lecciones. Cinco años después del inicio del programa, nos interesamos por evaluar las partes de nuestra propia estrategia para ver qué tipo de diferencia estábamos haciendo, si la hacíamos. En ese momento, tuve la oportunidad de participar en un proceso más retrospectivo que al mismo tiempo contribuyó a visionar mi trabajo en un futuro, identificando duplicaciones y brechas en la financiación. Mi trabajo también ha cambiado en centrarse más en hacer las conexiones con otros donantes en el campo fomentando una mayor colaboración y apoyo en materia de seguridad ciudadana. En los últimos cinco años y medio, los intercambios que he tenido con los socios se han convertido en la recompensa más profunda, abierta, honesta y frecuente; la cual espero que se traduzca en más efectividad y otorgamiento reflexivo de subsidios para el programa.

¿Qué progresos se han realizado en el ámbito de la seguridad ciudadana y los derechos humanos durante los últimos años?

Los problemas de violencia e inseguridad, sin duda, seguirán predominando en gran parte de América Latina. El miedo a la delincuencia es una preocupación recurrente y primaria para la mayoría de los ciudadanos de la región. Al mismo tiempo, creo que en los últimos años ha habido enormes progresos en la capacidad de la sociedad civil para participar en temas de seguridad ciudadana desde una perspectiva de derechos humanos (el Informe de la Comisión Interamericana de derechos humanos sobre seguridad ciudadana y derechos humanos es uno de los muchos ejemplos de la promoción fructífera de la sociedad civil). El discurso y la comprensión de lo que constituyen políticas de seguridad eficaces y de respeto de los derechos se está matizando y sofisticando cada vez más. En muchos países todavía hay una tentación preocupante de exigir políticas de “mano dura” frente a la creciente delincuencia (común y organizada, dependiendo del país) y escasas respuestas del Estado. Pero en un número de lugares cada vez mayor, también hay un creciente reconocimiento de que estas políticas de línea más dura no sólo son perjudiciales para los derechos humanos sino que también son ineficaces y contraproducentes y provocan mayor violencia y el deterioro de un tejido social ya afectado.

Mi sensación es que en muchos países las organizaciones de la sociedad civil se están volviendo más eficaces en la defensa de políticas de  cambio con alternativas concretas, prácticas y basadas en la evidencia (para complementar los importantes, pero a menudo insuficientes, argumentos tradicionales de los derechos humanos). Los grupos están cada vez más conscientes de la necesidad -y están dispuestos a- colaborar con los distintos sectores (académicos, medios, fuerzas del orden, funcionarios elegidos, políticos, etc.) con el fin de generar presión y el consenso básico para el cambio. Más gobiernos (aunque no los suficientes) además piden ideas y experiencia a la sociedad civil (en países como Argentina, Brasil, Chile, México, Colombia, entre otros).

¿Cuáles han sido los mayores retrocesos?

Es difícil evitar consternarse por la persistencia de elevadas tasas de victimas y la percepción de inseguridad a pesar de varios intentos de reforma política. En los casos en los que la reforma ha sucedido, estos esfuerzos ha menudo han sido ad hoc y han carecido de sostenibilidad en el tiempo. La falta de continuidad de las promesas politicas de una administración a otra es un gran revés. Con frecuencia, los problemas de seguridad ciudadana son hiper-politizados y presas de la creciente polarización que caracteriza a muchos países. Cuando esto sucede, sufren todos los aspectos de la seguridad ciudadana. Los gobiernos se sienten amenazados y ocultan o manipulan la información, lo que conduce a la ausencia de datos fiables a partir de los cuales crear un diagnóstico como base para políticas de intervención. Las controversias entre las autoridades nacionales y locales sobre de quién es la responsabilidad de proporcionar seguridad a menudo se traducen en vacíos de política, ineficiencias, o superposición de esfuerzos. Mientras tanto, la falta de una respuesta efectiva de la política de Estado -dirigida por las autoridades civiles- a menudo coincide con fuerzas de seguridad excesivamente autónomas y sin obligación de rendir cuentas. Y los episodios de dramáticos crímenes violentos provocan respuestas gubernalmentales reaccionarias y derechistas –alimentadas por la prensa sensacionalista- antes que estrategias bien pensadas, exhaustivas y de largo plazo para hacer frente a las causas y consecuencias del crimen en una forma que combine la prevención y control.

En mi opinión, uno de los reveses de la sociedad civil en algunos países ha sido la dificultad para proporcionar datos fiables y comparables en el tiempo que puedan ayudar a documentar la discusión de políticas. Aunque, como he mencionado anteriormente, las comunidades de derechos humanos y seguridad están hablando cada vez más entre ellas e incorporando varias perspectivas, pero todavía hay lagunas, duplicación de esfuerzos y pérdida de oportunidades para lograr el cambio. Finalmente, debido a que los problemas de la delincuencia son tan volátiles y complejos, hoy podemos saber más sobre lo que funciona en lo que hicimos hace unos años, pero a menudo todavía estamos perplejos por el fenómeno. “Las mejores prácticas” son más abundantes que nunca, pero los retos aún se encuentran en una evaluación rigurosa, ajustándo, la sostenibilidad y la replicación de acuerdo a las particularidades de los contextos locales.

¿Cuáles son los mayores obstáculos para el progreso futuro?

Algunos de los mayores obstáculos tienen que ver con la falta de voluntad de los gobiernos para enfrentar el problema, asumir la responsabilidad, y participar en un proceso multisectorial de creación de políticas que sea constante en el tiempo. Sin embargo, la voluntad política es sólo una parte de la respuesta. En muchos países, la capacidad de los gobiernos aún es limitada, y la situación está cada vez más en estado de sitio debido a la infiltración de las redes de delincuencia organizada.

Con frecuencia, el progreso es también bloqueado por un ambiente de confrontación política marcado por la profunda desconfianza entre los sectores (gobierno, sociedad civil, policía, etc.). Esto puede dificultar la clase de creación de políticas constructiva, inclusiva y coordinada, que es esencial para abordar un tema tan difícil.

Persistentemente cerradas y sin rendición de cuentas (y muy a menudo ineficientes y corruptas) las fuerzas de seguridad reticentes al control civil presentan un desafío permanente, incluso para funcionarios politicos bien intencionados y los actores de la sociedad civil dedicados a estas cuestiones. Pero las políticas efectivas de seguridad ciudadana que son respetuosas de los derechos humanos abarcan más que la reforma policial. A menos que los países sean capaces de generar las estrategias políticas de largo plazo necesarias -más allá de los beneficios políticos o pérdidas de un gobierno en particular- la lucha contra la delincuencia y la inseguridad seguirá siendo difícil de alcanzar. Mientras los ciudadanos siguen perdiendo confianza en la capacidad de las instituciones democráticas para resolver este problema, los gobiernos se enfrentan a mayores presiones -y menos tiempo y espacio político- para mostrar resultados.

¿Qué le sorprendió más, tanto bueno como malo, en su otorgamiento de subsidios en OSF?

De lejos, la mejor parte del otorgamiento de subsidios de OSF ha sido la posibilidad de contribuir, en alguna medida, a algunas de las organizaciones e individuos más innovadores y estratégicos comprometidos con el mejoramiento de la seguridad ciudadana y la protección de los derechos humanos en la región. Dentro de OSF, a menudo fui gratamente sorprendida por la confianza que la fundación pone en el juicio del director de programa, así como por la apertura general a preguntas estratégicas y el compartir tanto los éxitos como los fracasos. Sin duda, la autocrítica y la reflexión en curso son difíciles, y deseo haber construido más oportunidades para ambos.

Al mismo tiempo, OSF -a pesar de los cambios en las estructuras, políticas y procesos en el tiempo- sigue estando en general, comprometida con tipos de financiamientos flexibles, arriesgados y rápidos que a menudo son necesarios, y excepcionales. Como en cualquier organización grande, este compromiso es a menudo difícil por el reto de diseñar los procesos administrativos adecuados que logren el correcto equilibrio entre la debida diligencia y agilidad institucional. Y es probable que esto siga siendo un reto en el futuro. Dado el carácter masivo y complejo de la “red” OSF (la combinación de los programas temáticos y geográficos, junto con las fundaciones nacionales y regionales), estoy constantemente con el temor del enorme alcance y el potencial de la fundación de contribuir a avanzar en tantos frentes a la vez.

¿Hay lecciones en este otorgamiento de subvenciones para otros donantes que quieran hacer un trabajo similar en la región?

No estoy segura de tener alguna “sabia lección” para compartir, en tanto el otorgamiento de subvenciones es más un arte que una ciencia. La seguridad ciudadana y los derechos humanos son difíciles de lidiar, y es igualmente difícil encontrar maneras de hacer incluso una pequeña contribución a la mejora de las políticas y prácticas. Me limitaré a sugerir algunos principios que he encontrado útil recordar en los últimos años:

  • Humildad – en las relaciones con las organizaciones asociadas y en la consideración de lo que puede lograr la contribución del donante en el corto y el mediano plazo.
  • Paciencia – la construcción de relaciones horizontales y abiertas con los beneficiarios lleva tiempo, esfuerzo y dedicación, pero el logro de estas verdaderas asociaciones basadas en el respeto mutuo, la transparencia y la comprensión puede ser de gran ayuda para lograr el cambio.
  • Flexibilidad – los problemas de seguridad ciudadana y derechos humanos son complejos y requieren constantemente de re-pensar y la adaptación de estrategias basadas en el análisis del contexto contínuo. El otorgamiento de subsidios que es flexible, pero riguroso en su búsqueda del progreso incremental puede ser crucial. Una vez que la confianza se construye entre los socios y donantes (véase más arriba), hay mayor espacio para compartir inquietudes y discutir conjuntamente la manera de adaptar las intervenciones al contexto cambiante.
  • Conectividad – los donantes pueden contribuir con más que dinero. Es útil pensar en formas en las que los donantes puedan facilitar el intercambio (ser consciente para responder a la demanda en lugar de forzar artificialmente las redes de trabajo), así como oportunidades para el aprendizaje y el crecimiento a fin de enriquecer las perspectivas de las organizaciones.
  • Complementariedad – los más eficaces proyectos y organizaciones tienden a usar una variedad de estrategias complementarias (investigación, litigio, medios de difusión, formación, promoción, etc), trabajan a diferentes niveles (local, nacional, regional, internacional), e involucran a una variedad de sectores (académicos, organizaciones no gubernamentales, medios de comunicación, fuerzas del orden, políticos, legisladores, etc.)

Por último, me atrevería a decir que uno de los papeles más importantes que un donante puede jugar (¡además de aportar el dinero!) es el de hacer preguntas difíciles y escuchar con mente abierta, tratando de entender el contexto en el que las organizaciones están operando. Un portafolio de otorgamiento de subsidios en materia de seguridad ciudadana y derechos humanos puede tener un valor añadido mediante la combinación de un profundo compromiso con los principios de los derechos humanos y los valores democráticos, con un enfoque eminentemente pragmático de los problemas de seguridad, construyendo mecanismos que busquen reducir las diferencias entre los sectores y actores pertinentes.

En lo personal, ha sido un verdadero privilegio colaborar, en los últimos cinco años y medio, con organizaciones e individuos dedicados que hacen el trabajo difícil e invaluable en el campo para tratar de crear un cambio social. He valorado enormemente la confianza y la franqueza que los socios han compartido conmigo y OSF, y espero poder mantener muchas de esas relaciones en el futuro y ser útil en todo lo que pueda.

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